Originalmente publicado en: https://labsbibliotecarios.es/para-que-sirve-un-laboratorio-bibliotecario/
Los laboratorios bibliotecarios tienen un gran impacto allí donde se ponen en marcha. Activan redes que antes no existían y refuerzan la idea de comunidad. Quienes han participado en uno de ellos saben que han participado en un evento único, que han establecido relaciones significativas con personas que antes no conocían y con las que comparten unos días, o unas horas, centrados en un objetivo común que consiste en crear algo juntos.
Esto ya tiene un gran valor en sí mismo. Pero además, a menudo el resultado del trabajo colaborativo es un proyecto útil, bien construido, aterrizado en el territorio y, por tanto, que está listo para su puesta en marcha.
Pero un laboratorio bibliotecario también posee otras características que lo hacen especialmente valioso para la biblioteca que se lanza a montarlo. Puede servir para:
Resignificar la biblioteca
Un lab rompe con la idea generalizada de que la biblioteca es un lugar de silencio, vinculado exclusivamente al fomento del libro y la lectura y al estudio.
Un laboratorio bibliotecario permite que cualquier persona o colectivo pueda hacer una propuesta de mejora de su comunidad, o lance una idea de actividad en la biblioteca o proponga un nuevo servicio que siente que es necesario. Y que a esta persona se le unan otras de manera que den forma a la propuesta de manera colaborativa.
Con esto no sólo se consigue que la actividad, el servicio, la propuesta de mejora respondan directamente a las necesidades de quienes van a participar de la actividad, hacer uso del servicio o beneficiarse de la mejora en su comunidad. También se consigue resignificar la biblioteca. Ya no es (o no es solo) una institución tradicional que ofrece unos servicios y unas actividades diseñadas por los bibliotecarios, sino una institución abierta que se pone al servicio de las personas, que les pregunta honestamente qué es lo que necesitan y crea las condiciones necesarias para que ellas mismas diseñen soluciones para satisfacer esa necesidad. La biblioteca se convierte en una institución aún más pegada al entorno, aún más sensible a las necesidades del barrio y que además se compromete con su mejora.
Liderar un proceso de innovación social
La metodología que proponemos desde este proyecto atrae a la biblioteca a un número de personas y colectivos (instituciones, asociaciones o entidades) que participarán en un proceso de innovación social. Convierte a la biblioteca en un nodo.
Esto hace que se redimensione su papel en la comunidad y también en la organización de la que depende la propia biblioteca. Pongamos, por ejemplo, el caso de una biblioteca pública que depende de un ayuntamiento. La biblioteca que organiza un laboratorio puede trascender su ámbito tradicional (el libro y la lectura) y abordar temáticas que corresponden a otras áreas, con las que la biblioteca quizás está trabajando ya para otros proyectos: educación, juventud, asuntos sociales, el área de participación que ya tienen muchos ayuntamientos, incluso el área de urbanismo en algunos casos. Todas estas áreas pueden interesarse por este proceso, aportar alguna persona que trabaje en ellas para formar parte de la organización del lab. Crear un evento que una a varias concejalías en torno a un proyecto que interesa a todas es un caso de éxito. Si hay una institución que pueda hacerlo, es la biblioteca.
¿Qué otros usos destacarías de un laboratorio bibliotecario? Puedes hacer tus aportaciones a través del los comentarios